28 aniversario de Alborán Psicólogos en Granada
Antonio Luis Maldonado
15 septiembre, 2026

28 años escuchando, acompañando y aprendiendo 15 Septiembre 2026

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¿Qué sentía una persona al cruzar por primera vez la puerta de una consulta de psicología en 1998?

Probablemente muchas cosas que hoy nos resultan familiares, pero también algunas que han cambiado profundamente. Pedir ayuda psicológica podía generar vergüenza, miedo a ser juzgado o incluso la necesidad de mantenerlo en secreto. Hablar de salud mental no formaba parte de muchas conversaciones familiares y acudir al psicólogo se asociaba, con demasiada frecuencia, a que algo «no iba bien» o a que la persona no era capaz de afrontar sus problemas por sí misma.

Algunos de nuestros primeros pacientes ni siquiera contaban a sus familiares más cercanos que estaban acudiendo al psicólogo.

En ese contexto nació ALBORÁN Psicólogos en Granada.

El 15 de septiembre de 1998 abrimos por primera vez las puertas de un proyecto del que entonces difícilmente podíamos imaginar todo lo que llegaría 28 años después.

Cómo empezó todo

Desde el primer curso de la Licenciatura en Psicología, que cursé entre 1993 y 1998, tenía bastante claro a qué quería dedicarme: ayudar a las personas a través de los conocimientos y herramientas que podía proporcionarme la psicología.

Es cierto que terminé la carrera y prácticamente a continuación abrí el centro. Pero el proyecto había empezado a gestarse mucho antes.

Mi recorrido hasta llegar a la universidad tampoco había sido exactamente convencional. Había retomado los estudios siendo ya adulto —con 19 años terminé el Graduado Escolar y después cursé BUP—, así que durante algún tiempo fui, como decía entonces en broma, «el abuelo de la clase».

Desde 1987 había participado además de forma muy intensa en actividades de voluntariado. Hubo etapas en las que podía dedicar hasta 40 horas semanales a estas actividades, mientras seguía estudiando, leyendo, asistiendo a cursos y formándome.

Antiguo despacho de Alborán Psicólogos en Granada

Participé en diferentes asociaciones y proyectos sociales, como la Asociación Hogar 20, Punto de Encuentro Paz, la Asociación Pro Derechos Humanos, AGRAIMI y distintas iniciativas de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, colaborando en la Residencia de Mayores, el Hospital de San Rafael y el Comedor Social.

Aquellos años me permitieron conocer realidades humanas muy distintas y probablemente influyeron bastante en mi manera posterior de entender la profesión.

Cuando empecé la Licenciatura continué formándome mediante cursos, simposios, talleres y congresos. Entre otras formaciones realicé un curso de tres años como Orientador Familiar, formación como Educador y Orientador Sexual y un Máster en Drogodependencias y Sida. También aproveché muchos de los trabajos universitarios para profundizar en áreas que entonces me interesaban especialmente, como el abuso sexual infantil, las agresiones sexuales o las adicciones.

Actividad formativa de Alborán Psicólogos durante sus primeros años

Pero siempre he dicho que estudié y leí más cuando empecé a ejercer la psicología clínica que durante toda la carrera.

Y, después de 28 años, sigo pensando que esa necesidad de aprender no termina nunca.

De un grupo de estudiantes a un centro de psicología

Durante el último curso de carrera nos reunimos siete psicólogos y psicólogas que compartíamos un mismo proyecto: crear un centro de psicología.

Conforme avanzaba el proyecto el grupo fue reduciéndose. Finalmente, cuando las instalaciones estaban prácticamente preparadas, quedamos Manuel Molina, Raquel, encargada de la administración, y yo.

Antiguas instalaciones de Alborán Psicólogos en Granada

Con el paso de los primeros años también ellos continuaron sus trayectorias por otros caminos y me correspondió seguir desarrollando el proyecto, incorporando y formando nuevos psicólogos para poder atender las diferentes áreas de trabajo del centro.

Siempre hemos funcionado en Equipo, realizando sesiones de Análisis de Casos, Formación Interna y cumpliendo 16 Principios de Calidad Terapéutica y un Reglamento Interno.

Desde el principio hubo además una idea que permaneció clara: crear un espacio en el que las personas pudieran encontrar ayuda psicológica rigurosa, pero también cercana y humana. Un lugar en el que pedir ayuda no fuera motivo de vergüenza y en el que cada persona pudiera sentirse escuchada y sin miedo a ser juzgada.

Intentar que las dificultades económicas no sean siempre una barrera

Ofrecer un tratamiento de calidad exige disponer de profesionales formados, tiempo suficiente para preparar y supervisar los casos, instalaciones adecuadas y limitar el número de pacientes atendidos por cada psicólogo. En nuestro caso hemos intentado mantener un máximo aproximado de 25 casos activos por profesional.

Todo ello obliga, lógicamente, a mantener unos honorarios que permitan sostener el funcionamiento del centro.

Pero durante estos años también hemos intentado que una dificultad económica no sea automáticamente motivo para que una persona quede sin atención psicológica.

Cuando las circunstancias lo han requerido, hemos valorado cada situación individualmente, adaptando los honorarios o asumiendo total o parcialmente el coste del tratamiento.

Además, hemos mantenido una serie de servicios gratuitos dirigidos a la población, entre ellos la Entrevista de Orientación Gratuita, determinadas sesiones con familiares de nuestros pacientes cuando son necesarias para el tratamiento y un programa de Seguimiento Gratuito tras el Alta durante un año, con contactos al mes, a los tres meses, a los seis meses y al año.

Actualmente estamos trabajando para estructurar todavía mejor esta forma de ayuda mediante un Servicio de Becas de Tratamiento, que permitirá cubrir, dependiendo de las circunstancias de cada caso, el 25 %, 50 %, 75 % o 100 % del coste.

28 años después, hablar de salud mental ya no es lo mismo

Durante estas casi tres décadas también ha cambiado nuestra forma de hablar y pensar sobre la salud mental.

Hoy hablamos con mucha más naturalidad de ansiedad, estrés, autoestima, duelo, relaciones personales, dificultades durante la adolescencia o bienestar emocional. Cada vez más personas entienden que acudir a terapia no significa necesariamente estar atravesando una enfermedad mental, sino que también puede ser una manera de comprender lo que está ocurriendo y aprender nuevas formas de afrontarlo.

Normalizar la psicología, sin embargo, no significa convertir cualquier malestar cotidiano en un problema clínico.

Sentir tristeza ante una pérdida, ansiedad ante determinadas dificultades o preocupación en momentos complejos forma parte de la experiencia humana.

Normalizar la psicología significa poder reconocer también cuándo ese malestar se mantiene, interfiere significativamente en nuestra vida o empieza a limitar nuestra capacidad para trabajar, relacionarnos, descansar, tomar decisiones o disfrutar.

Y poder pedir ayuda entonces sin sentir vergüenza por hacerlo.

Un Centro de Psicología crece cuando también crece su Equipo

Lo que comenzó como un proyecto personal se ha convertido, con el paso de los años, en un proyecto compartido.

ALBORÁN Psicólogos ha ido creciendo no solo en espacios, servicios o profesionales, sino también en experiencia y conocimiento. Al equipo se han ido incorporando profesionales como Jorge Jiménez, David Ocón, Silvia Ferrer, Claudia Rodríguez, Lydia Mateos o Virginia López, con diferentes trayectorias y áreas de especialización, pero con una misma forma de entender la profesión.

Equipo de psicólogos de Alborán Psicólogos dando la bienvenida antes de consulta en la recepción del centro de psicología en Granada

Porque una clínica no crece únicamente cuando incorpora más despachos. Crece cuando aumenta su capacidad para comprender y acompañar a las personas que llegan hasta ella.

Y detrás de esa capacidad existe algo que no siempre se ve: formación continua, actualización científica, supervisión, coordinación y muchas horas de aprendizaje.

Después de 28 años seguimos teniendo claro que la experiencia es importante, pero que nunca puede sustituir a la necesidad de seguir aprendiendo.

¿Qué ocurre realmente cuando una persona empieza terapia?

Existe todavía una imagen bastante extendida del psicólogo como alguien que escucha nuestros problemas y nos dice qué deberíamos hacer.

La realidad es bastante diferente.

En terapia no existen consejos mágicos ni soluciones universales. Tampoco pretendemos eliminar de un día para otro una historia, una pérdida, un miedo o un patrón de comportamiento que puede llevar años formando parte de la vida de una persona.

Nuestro trabajo comienza intentando comprender qué está ocurriendo, por qué está ocurriendo y qué factores pueden estar manteniendo el problema.

Después establecemos junto a la persona unos objetivos terapéuticos y seleccionamos las estrategias que consideramos más adecuadas para alcanzarlos.

En ALBORÁN Psicólogos trabajamos desde la psicología científica y fundamentalmente desde el modelo cognitivo-conductual.

A lo largo de los años hemos ido desarrollando también una forma propia de organizar la evaluación y la intervención clínica, denominada Psicología Clínica Aplicada (Maldonado, A. L., 2001), que integra procedimientos y principios procedentes de la psicología científica y especialmente de la tradición cognitivo-conductual.

Desde esta perspectiva entendemos que nuestros pensamientos, emociones y comportamientos están relacionados, pero también que nuestra forma de responder ante las situaciones está influida por nuestra biología, nuestra historia de aprendizaje y el contexto en el que vivimos.

Por eso no existen dos tratamientos exactamente iguales.

Antes de intervenir necesitamos conocer a la persona, comprender sus circunstancias y establecer objetivos. A partir de ahí, el proceso terapéutico permite identificar patrones, comprender qué los mantiene y aprender herramientas que faciliten cambios que puedan mantenerse en el tiempo.

Y todo ello necesita producirse dentro de una relación terapéutica basada en la confianza, la empatía, el respeto y la ausencia de juicio.

La terapia no consiste en aprender a vivir sin problemas. Consiste, muchas veces, en aprender a relacionarnos con ellos de una manera diferente.

No somos magos. Pero sí podemos acompañar procesos de cambio

A lo largo de estos 28 años hemos conocido a miles de personas con historias muy diferentes.

Personas que llegaron a consulta después de meses o años sintiéndose bloqueadas. Adolescentes que no encontraban la manera de explicar lo que les estaba ocurriendo. Familias que habían dejado de entenderse. Personas que vivían con ansiedad, con un estado de ánimo bajo, después de una situación de acoso o ante dificultades importantes en el ámbito laboral, familiar o de pareja.

Cada caso es distinto. Y precisamente por eso cada proceso comienza intentando comprender a la persona que tenemos delante.

Hay historias que, con el paso de los años, permanecen especialmente presentes.

Siempre recordaré a uno de mis primeros pacientes. Acudió por un miedo intenso a enfermar y morir, acompañado de insomnio y numerosas conductas dirigidas a sentirse seguro. Evitaba hacer ejercicio, conducir solo, quedarse solo o realizar determinadas actividades por miedo a que pudiera ocurrirle algo.

Parte del tratamiento consistió precisamente en ir recuperando progresivamente aquellas situaciones que había abandonado por miedo. Terminó conduciendo solo, haciendo ejercicio, permaneciendo solo y enfrentándose de forma progresiva a aquello que temía. Incluso realizamos juntos una exposición en el Cementerio de Granada.

También recuerdo perfectamente hasta qué punto pesaba entonces el estigma.

Cuando algunos pacientes recibían una llamada mientras estaban en consulta no decían que estaban en el psicólogo. Decían simplemente:

«Estoy en el médico».

Otro paciente, que trabajaba de cara al público, me explicó que le preocupaba muchísimo que alguien pudiera verlo entrando en el centro.

Durante una temporada organizamos un protocolo especial para proteger todavía más su privacidad: lo citaba en momentos en los que era muy poco probable que coincidiera con otros pacientes, le abría personalmente la puerta y, al finalizar, comprobaba que no hubiera nadie antes de acompañarlo hasta la salida.

Después de varias semanas haciendo aquello, un día me dijo:

«Este Centro es muy raro. Nunca que vengo veo a nadie. Parece que yo soy el único cliente».

Hoy podemos recordar la anécdota incluso con una sonrisa.

Pero también permite comprender cuánto ha cambiado nuestra sociedad.

Actualmente las personas entran y salen del centro con mucha más naturalidad. Y esa normalización, aunque todavía queda camino por recorrer, me parece uno de los cambios más importantes que hemos vivido.

Porque detrás de cada diagnóstico, cada síntoma o cada motivo de consulta hay una persona con una historia que merece ser escuchada.

Lo que 28 años nos han enseñado

Si tuviera que resumir una parte importante de lo aprendido durante este tiempo, probablemente empezaría por una idea:

Antes de tratar a una persona, hay que comprenderla.

También hemos aprendido que la ciencia y la humanidad no son caminos contrapuestos.

La psicología necesita tratamientos fundamentados en la evidencia científica, evaluación rigurosa y profesionales en formación constante. Pero ninguna de esas herramientas tiene demasiado sentido si olvidamos que delante tenemos a una persona y no a un diagnóstico.

También hemos aprendido que la terapia es necesariamente un trabajo compartido.

Nuestra responsabilidad como profesionales es ofrecer una evaluación rigurosa, seleccionar intervenciones eficaces y basadas en la evidencia, adaptarlas a cada persona y revisar nuestro trabajo cuando las cosas no están funcionando como esperábamos.

La persona que acude a consulta participa activamente en ese proceso: poniendo en práctica nuevas estrategias, enfrentándose progresivamente a determinadas dificultades o trasladando fuera de consulta aquello que se trabaja durante las sesiones.

Esto no significa responsabilizar a quien no mejora.

Precisamente algunos de los problemas que tratamos pueden dificultar mucho seguir determinadas pautas, exponerse a situaciones que producen miedo, abandonar conductas que proporcionan alivio inmediato o mantener cambios cuando existe depresión, ansiedad intensa, impulsividad u otras dificultades.

Cuando eso ocurre, parte de nuestro trabajo consiste precisamente en intentar comprender qué está interfiriendo y adaptar la intervención.

Y después de tantos años también he llegado a una convicción personal: pedir ayuda cuando la necesitamos no es una señal de debilidad. Muchas veces es una decisión inteligente.

No pensamos que tengamos que saber odontología antes de ir al dentista ni derecho antes de consultar a un abogado. Del mismo modo, tampoco deberíamos exigirnos saber resolver siempre por nuestra cuenta todos los problemas psicológicos que puedan aparecer en nuestra vida.

Lo que nos dicen nuestros propios datos

Durante estos años también hemos intentado recoger información sobre los tratamientos realizados y su evolución.

Según las estadísticas internas que hemos ido acumulando en ALBORÁN Psicólogos, aproximadamente un 87 % de los casos que completaron la terapia recibieron el alta terapéutica por una mejoría total o significativa de los síntomas, con una duración media aproximada de 15 sesiones.

Para nosotros representan, sobre todo, el resultado de un trabajo compartido entre profesionales y pacientes.

Porque ningún tratamiento funciona únicamente por quien acompaña, ni únicamente por quien pide ayuda.

El cambio se construye conjuntamente.

Mirar hacia delante

Mirar hacia atrás y pensar en todas las personas que han confiado en ALBORÁN Psicólogos durante estos años produce, sobre todo, gratitud.

Gratitud hacia quienes un día decidieron cruzar aquella puerta por primera vez. Hacia quienes confiaron en un proceso terapéutico incluso cuando el cambio parecía difícil. Y hacia todas las personas que han formado y forman parte de este proyecto.

Pero celebrar 28 años no consiste únicamente en mirar lo que hemos hecho.

También significa preguntarnos qué necesidades encontramos hoy y qué podemos seguir construyendo.

De ahí surge, por ejemplo, el proyecto de estructurar un Servicio de Becas de Tratamiento que permita facilitar el acceso a la atención psicológica a personas con dificultades económicas.

Y de otra necesidad que encontramos repetidamente en consulta nace también el Proyecto Amigos de Alborán.

Durante estos años hemos conocido a muchas personas que viven en soledad o que tienen una red familiar o social muy limitada.

Entre las pautas que frecuentemente recomendamos a personas con problemas de ansiedad o depresión se encuentra recuperar actividades agradables, aumentar progresivamente la actividad o volver a participar en situaciones sociales.

Pero a veces nos encontramos con una dificultad muy concreta.

Una persona puede decirnos:

«Claro, podría ir al cine. Pero ¿voy solo? Para mí eso no sería una actividad agradable».

Esa frase resume bastante bien una realidad: recomendar actividades es mucho más sencillo que disponer de personas con quienes compartirlas.

Por eso, coincidiendo con nuestro 28 aniversario, hemos creado el Proyecto Amigos de Alborán, un espacio en el que las personas pueden conocer y participar en diferentes actividades dentro de un entorno basado en la educación, el respeto, la amabilidad y la amistad.

Está abierto a antiguos y actuales pacientes, miembros del equipo, psicólogos ayudantes, familiares, amigos y otras personas que compartan sus objetivos y valores.

Es todavía un proyecto que empieza.

Y quizá eso tenga también algo de simbólico.

Y después de 28 años, seguimos empezando cada día

Han cambiado muchas cosas desde aquel 15 de septiembre de 1998.

Ha cambiado la forma en la que hablamos de salud mental. Han cambiado los tratamientos, las herramientas de las que disponemos y el conocimiento científico. Ha cambiado el equipo y también ha cambiado ALBORÁN Psicólogos.

Pero hay algo que permanece intacto.

La ilusión de seguir ofreciendo un espacio seguro, confidencial y libre de juicios en el que las personas puedan sentirse escuchadas, comprendidas y acompañadas.

Y quizá esa sea la mejor manera de celebrar un aniversario: no solo mirando hacia atrás y sintiendo orgullo por lo construido, sino mirando hacia delante con las mismas ganas de seguir aprendiendo, creciendo y cuidando.

Gracias por confiar en nosotros durante estos 28 años.

Con cariño,

Ldo. Antonio Luis Maldonado Cervera

ALBORÁN Psicólogos

15 de septiembre de 2026

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